Desde que abrí este Blog, recibí y procesé más de 70 relatos sin pausa durante los primeros 2 meses. Fue una labor constante y fluida, hasta noviembre de 2010, cuando empezó el juicio por la muerte de mis padres y otras 22 personas que perdieron la vida en el mismo contexto. En los primeros testimonios salieron a la luz varios casos de chicos, que como yo, fueron llevados al D2, el mayor centro de detención ilegal y tortura de la provincia de Mendoza durante la dictadura. Quise escribir sobre Alejo y sobre Josefina, pero no pude, quedé trabada en sus historias, tal vez porque son tan cercanas a la mía o porque a diferencia del resto, sus historias me llegaron indirectamente, ellos ya murieron y no puedo consultarlos y todo eso hace que sea tan difícil (y a la vez tan necesario) articular un texto que cuente algo más profundo que la simple crónica de lo ocurrido. Pasados casi 3 meses, vuelvo al intento de poner palabras a sus vivencias.
El 9 de febrero del '76, un ratito después del mediodía, Alejo fue secuestrado junto a su mamà y el compañero de ella. Fueron llevados al D2 dònde su mamá desde el minuto cero fué violada y torturada con reiteración. Él, con solo cuatro años, pasò tres dìas sometido a interrogatorios, hasta que fue devuelto a sus abuelos, mientras que los adultos permanecieron en cautiverio hasta la vuelta de la democracia. Cuando Alejo saliò del D2, no podía hablar. Lo habían dejado mudo y por años, no pudo decir palabra.
El 12 de Junio de 1976, Josefina fue secuestrada junto a su hermanita, su mamá y una compañera de ella con sus 2 hijitos bebés, en un episodio muy violento. Ya en el D2 fue privada como todos los demás, de comida, agua y dignidad Con cinco años Josefina fue llevada a la sala da torturas, donde fue desvestida y manoseada sexualmente bajo una luz intensa, para que su padre que también estaba secuestrado y continúa desaparecido, la viera desde la oscuridad. En otra oportunidad fue llevada a la terminal de ómnibus, donde los policías le pidieron que señalara si conocía a algún "tio". Ella debe haber sido consciente de la gravedad de la situación, porque al volver a la celda solamente pedía perdón, como si se sintiese responsable de lo ocurrido. Unos días después fue liberada y dos meses despues de haber sido devuelta a sus abuelos, Josefina murió de un disparo que se dió ella misma con un revolver que encontró en una mesa de luz.
A la memoria de ellos, este relato.