
Lucía tenía dos tipos de pesadillas: unas que eran solamente de sonidos. No veía nada, sentía gritos a lo lejos y una canción de cuna.
Si no, soñaba que en Ledesma -donde vivían- entraban cientos y miles de tigres al pueblo. Los tigres destrozaban a toda la gente y se armaban ríos de sangre. Lucía les tenía pánico a los tigres.
Con el tiempo, descubrieron que su hermana había entrado a la Esma junto con su mamá, donde uno de sus torturadores era el peor de todos tigres: Tigre Acosta.
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